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Hábitos y programadores

Dated: miércoles, septiembre 21, 2005

(From H. Hernán Moraldo's personal blog)

El programador alcanza su momento cuando llega a un grado de concentración tal, que deja de tipear código, y comienza a moldear el objeto programa, directamente desde su mente.

La vida de emprendedor, con sus interrupciones y múltiples distracciones, sencillamente pervierte al programador de manera tal que le impide llegar a ese 'nirvana' la mayor parte del tiempo en el que éste, por la razón que sea, se dispone a programar. Lo cual es malo para el sujeto, porque la mejor programación surge precisamente de ese estado tan especial y notable.

Hoy reviví esa experiencia durante mi trabajo en la creación de un sistema de GUI interesante, para el framework de juegos de la empresa. Lo cual me llevó a preguntarme una vez más, qué es y cómo percibe uno a ese objeto programa (durante la permanencia en ese estado), y también sobre el efecto que el hábito de manipular tal objeto puede tener en la mente del programador.

Por lo pronto quiero publicar hoy una primer idea sobre esta cuestión. Creo que la programación, cuando funciona de esta manera, crea en la persona el hábito de la manipulación y modificación de características y comportamientos de un objeto dinámico, de una manera constante y libre de restricciones.

Una vez que contrae el hábito, el programador ya no puede evitar la tentación continua de modificar su mundo, hallar las fallas y resolverlas, imaginar features e incorporarlos a los procesos de la realidad. Lo más interesante de todo, creo, es lo que sucede cuando el programador se vuelve, finalmente, el objeto de su propia manipulación. Entonces es cuando surge un proceso de auto-transformación, de metamorfosis voluntaria. Y creo que cuando eso finalmente sucede, se vuelve un espectáculo digno de verse: el programador devenido en Phoenix, levantándose de las cenizas de la auto-destrucción. (O, en una metáfora quizás más adecuada para el imaginario de la computación: el programador revisando y retocando su propio código, imitando la belleza conceptual del comportamiento propio de algunos virus informáticos)

¿Existe para el programador una compulsión mayor que ésa, la modificación, la manipulación? ¡Aún su propia transformación! Y todavía más importante: ¿es éste un hábito positivo, de crecimiento personal, o es acaso una costumbre perniciosa, que aleja a la persona de lo que alguna vez fue, en dirección a algo que quizás nunca debió ser?



Interesting feedback:



Sergio Cossa said:

La vida solitaria de los especímenes más evolucionados gira siempre sobre goznes de rutina. Al pobre Kant, los imperativos no le dejaban alejarse más allá de las cervecerías de su pueblo; al pobre Pasteur, los microbios lo forzaron a una soledad pura de leche pasteurizada; al pobre Edison, los inventos lo retuvieron circuido en el insomnio y la sordera. A medida que se expande el espíritu, la carne se sujeta a clisés ineludibles. Los hábitos de yacer, folgar y yantar se tornan matemáticos. Y las horas del día, irrevocablemente asignadas a goces, funciones y eventos conocidos, se ahondan en el deber; pues, cuando la audacia mental más se aventura por las zonas inéditas de la abstracción, la materia más se empecina y circunscribe en el sótano de la costumbre."
Juan Filloy, "Op Oloop", escritor cordobés de nacimiento, pero riocuartense por adopción. Falleció hace unos años, lamentablemente.
¿Es un hábito de crecimiento o destrucción lo que vos comentás?
Personalmente, pienso que buscar lo más alto, lo sublime, puede aislarnos de la sociedad y parecer autodestructivo... ¿Pero acaso no es así como nacen las mejores obras?
Si ese aislamiento constructivo es lo que te conforma y contiene, lo que te lleva a borrar y rehacer permanentemente tu obra en busca del "objeto programa" ideal, creo que nunca podrá ser pernicioso ;)



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