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Hábitos

Dated: viernes, octubre 14, 2005

(From H. Hernán Moraldo's personal blog)

Reunión, cuatro personas, una conversación sobre riesgos posibles aunque todos ellos bastante improbables. Una persona interrumpe a otra, con una frase en la línea de: "vos sos ingeniero, tendrías que entender que es necesario que veamos ahora todo lo que puede fallar, por improbable que sea, para convertir cada duda en una certeza de que no puede fallar, para llevar así el riesgo total al mínimo posible".

La frase, aún en el contexto de una reunión de negocios, me disparó una idea un tanto filosófica, o al menos lejana al pragmatismo de lo conversado en la mesa. ¿Cuánto de lo que es una persona en relación a su título, tiene más que ver con los hábitos personales desarrollados, que con el conocimiento y la técnica adquiridos por el profesional en la academia?

Esperamos ver en un señor publicitario una capacidad de encontrar ideas interesantes y originales con una cierta frecuencia, que sólo es posible en personas que tienen formado el hábito del pensamiento disruptivo. Queremos ingenieros que estén atentos a las fallas, de forma que requerimos personas con un pensamiento alerta que sólo se consigue en nosotros, meros humanos, a fuerza de costumbre y hábito. Y así sucesivamente.

La academia no es ciega a estas necesidades, y por tanto en cada profesión enseña métodos que, aplicados con una suficiente repetición, se convierten de manera inevitable en hábitos también. Pero cada profesión y especialización, e incluso tipo de profesional dentro de la misma, requiere una batería de hábitos sutiles, desconocidos y quizás hasta imposibles de conocer. Que seguramente habrán de transmitirse a través del contacto interpersonal continuo; o que quizás no puedan transmitirse, y sean finalmente lo que distingan el talento de quienes nunca podrán llegar a alcanzar un cierto nivel en cierta área.

(Genios. Leyendo sus biografías, relatos o sus propias palabras, a veces puede verse, sentirse, olerse, en los grandes talentos de la historia de la humanidad, hábitos y costumbres inusuales, pero que resultan necesarios para su propia genialidad. O que acaso... resultan ser su causa. "Surely you're joking, Mr Feynman", no pretende ser más que un anecdotario divertido y autobiográfico, de un brillante físico norteamericano. Pero leído con cuidado, resulta de un valor excepcional, porque delata una mínima parte del mecanismo interno de una de nuestras grandes estrellas.

Y se delatan atributos tales como: curiosidad, fuerza, energía, erudición trivial, un sentido de la diversión pronunciado hasta la exageración, pensamiento disruptivo... y otras características que normalmente consideraríamos negativas, como la escasa -o nula- disciplina, la pésima etiqueta, y en general una completa inmadurez en la persona en general. Atributos que, pensado bien, pueden encontrarse en el núcleo innato de una personalidad, o formarse a través del hábito.

Menciono a Feynman porque es un caso que me resultó especialmente simpático... pero ésa no es la única o la mejor combinación posible... muy diferentes combinaciones (exitosas para cada contexto particular) de características pronunciadas y que forman un conjunto cohesivo, generan diferentes tipos de genios y talentos en cada una de las ramas del saber humano. Cada combinación exitosa nos trajo un Hawking, Einstein, Edison, Johnny von Neumann, Gauss o por dar un ejemplo de brutal diferencia con el formato políticamente correcto de genio: Bill Gates.

¿Y esos atributos, deberían considerarse, necesariamente, innatos? ¿O acaso no es la curiosidad el hábito de preguntar, de buscar respuestas a cuestiones que no parecen necesitarlas? ¿Y la memoria no tendrá que ver con un hábito de atención, o de visualización, adquirido en una muy temprana edad?

Quizás no, pero de todas maneras no es el punto de este post.)

El punto es en cambio, que creo ver ahora un valor en la adquisición de hábitos durante la formación profesional, que nunca antes había reconocido. Lo interesante es que, a pesar de sus palabras, la academia no siempre forma en los estudiantes el conjunto de hábitos adecuados para cada ocasión. Porque a la vez que se enseña a un futuro hombre de ciencia el funcionamiento del método científico, se le hace también seguir reglas contrarias al perfil deseado, que supuestamente conducen a mejores notas, medallas, y becas. Esta contradicción habrá de producir un perjuicio en los caracteres más débiles, que quizás vean afectado así su rendimiento profesional... y que encuentren luego que no pueden aplicar el conocimiento adquirido de la manera esperada, por alguna razón inexplicable.

Termino este post extenso (y de cuyo valor no estoy del todo seguro), con el recuerdo de algo que solía disfrutar mucho de mis clases en UNLP. A veces, alguno de los grandes profesores de la facultad (Gabriel, Fidel, y alguno más), hacía un paréntesis y se ponía a hablar a los estudiantes sobre cuestiones más relacionadas con el caracter, la personalidad, y los hábitos requeridos en un profesional de una calidad, digamos, mínima. Esos paréntesis eran muchas veces momentos de gran brillo, que revelaban una verdad pocas veces dicha pero necesaria, imprescindible. Eran momentos donde se suspendía el dictado de ciencia, para hacer entrega de la llave que conduce a la puerta de toda la ciencia.

¿Y los estudiantes? Entrenados durante generaciones para cazar notas y promociones, estudiar para los parciales y finales y mostrar única y exclusivamente conocimiento sobre los temas de cada materia particular, optaban en su mayoría por ignorar esos paréntesis aparentemente desubicados, totalmente fuera de lugar en el contexto de la universidad.

Ojalá estuviéramos todos un poco más preparados para reconocer lo bueno, justo cuando nos salta frente a las caras. Pero supongo que todo, y aún eso, se aprende tarde o temprano.



Interesting feedback:



Cos said:

El ejemplo del publicitario es genial.
¿Te acordás del "Kafka para pocos"?

LionD'Art said:

Caramba, buena reflexión. Al principio me perdí un poco :p pero despues terminé leyendo en tu texto algunas de mis propias ideas sobre el asunto.
Para no extenderme de más voy a limitarme a decir lo siguiente:
A mi modo de ver, las carreras, de cualquier profesión, estan hechas para muchos; no así los trabajos y las aplicaciones reales de los conocimientos adquiridos, que requieren al idóneo, sea este un digno egresado de la Universidad tal o un outsider que crea sus propias reglas. Si me perdona el pecado de la generalización, diré que esos últimos son los más brillantes, los que llevan en las manos la evolución.
En otras palabras, los estudiantes se dividen entre los que se adaptan al molde, o lo rompen. De allí se desprende una explicación del miedo al progreso, por que implica desechar lo que algunas personas defienden o representan, y por extensión, a esas mismas personas.
"o por lo menos, así lo veo yo" - Guillermo Nimo.



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