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El niño que todos llevamos dentro

Dated: sábado, agosto 13, 2005

(From H. Hernán Moraldo's personal blog)

Arranqué el día con el equivalente psicológico de una patada en la cabeza: una de esas pesadillas que reviven viejos temores, que vuelven a la luz aquello que quisiéramos mantener en la oscuridad.

Siempre me sorprendió el efecto devastador que pueden tener las pesadillas (las verdaderas pesadillas) en nuestro estado de ánimo. Su presencia y ausencia pueden hacer que empecemos el día con una sonrisa, o con un gesto melancólico, un halo sombrío que nos rodea al menos durante los primeros momentos de consciencia.

El remedio fácil a esta cuestión suele ser ponerse en actividad, pensar en algo más alegre, tratar de regresar lo malo a la oscuridad de nuestras mentes. Esta vez preferí quedarme un rato más, recostado, analizando el funcionamiento de la cuestión. Un poco por curiosidad, pero sobre todo porque creo que resulta más efectivo tratar de mantener lo oscuro en la luz, los enemigos cerca; ignorarlos no evita que te sigan haciendo zancadillas en las sombras.

Y de repente, en un rapto de inspiración de esos que son tan propios y típicos de los sueños, se me ocurrió la imagen perfecta. Se me ocurrió que dentro de cada persona, de cada adulto, se encuentra un nene llorando. Un niño pequeño gimiendo, pidiendo a gritos que le den lo imposible, que accedan a sus caprichos.

La tristeza tiene para nosotros en general una justificación primitiva, y una justificación infantil. No son adultas la melancolía y la nostalgia... y sin embargo nos son tan propias, y nos pertenecen de una manera tan carnal que parece un error que no las podamos entender más seguido como partes de nuestro ser.

Desde esta perspectiva, el adulto me parece ser la máscara construida alrededor del niño primitivo, instintivo, que varía entre la tristeza más profunda y la alegría eufórica, casi explosiva.

Y el niño a veces tiene miedo, y está dominado por el terror de lo que no tiene respuesta: si va a morir, a dónde irá luego, si es que finalmente existe, quién es él y quiénes son todos esos alrededor, si lo quieren o no. El adulto se sirve de los dulces que le provee la sociedad moderna para calmar al niño: religiones, razonamientos ontológicos, filosofía, a veces variedades de ateísmo, que combinadas con cinismo resultan mejor. Esos dulces a veces calman al niño, pero el adulto y él son perfectamente conscientes de que no resuelven el problema: los dulces no son el avión y los dos lo saben perfectamente.

Pero la mayoría de las veces, el adulto sólo deja que el niño siga gritando en la oscuridad, que siga pidiendo devastado que le consigan lo que nunca podrá tener. Y sigue con su vida, participando de la empanada psicológica que es nuestra sociedad: el trabajo, como el alcohol, sirve para olvidar; la tele te introduce en un mundo de personas felices en la playa, rodeadas de esplendorosas modelos que, impresentables a mamá, son la aparente solución a ese odio cósmico, la andanada de frustración y dudas irresolubles que llevaron nuestra vida hasta acá, y que la llevarán hasta el final.

...

Puede ser que leer a Nietzsche me esté afectando un poco :S Y no creo que la metáfora del niño interior sea en absoluto novedosa, pero se me presentó de una manera tan inesperada en la cabeza que me pareció digna de escribirse.

Posteo esto antes que me arrepienta de semejante locura.



Interesting feedback:



Lucila said:

Concuerdo con la idea del niño interno. Más que nada, porque creo que es evidente cuando se analiza el alto grado de depresión que ostentan ciertas personas.
Dentro de tu contexto, esto podría llegar a ser por una gran lucha entre el niño y el adulto. Esa eterna dicotomía del ser humano de perseguir sus sueños o perseguir lo que lo mantenga vivo... lamentablemente la gran mayoría de las veces las dos cosas no concuerdan.
Supongo que encontrar el equilibrio debe ser la tarea más ardua de nuestras vidas. De lo contrario, todos seríamos felices.
O, simplemente, de dejar salir al niño a jugar de vez en cuando.
Muy bueno el blog!



Reply:

Epa! Lu, es un honor tenerte comentando por estos pagos. Y es además algo tan raro, hace nueve años ni se me hubiese ocurrido.
Gracias!



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